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¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! Mi sacrificio es un espíritu contrito, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. (Salmo 51, 4.19)

¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! Mi sacrificio es un espíritu contrito, Tú no desprecias el corazón contrito y humillado. (Salmo 51, 4.19)

¡Aclame al Señor toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Digan al Señor: “¡Qué admirables son tus obras!”. (Salmo 66, 1-2a.3a)

¡Aclame al Señor toda la tierra! ¡Canten la gloria de su Nombre! Digan al Señor: “¡Qué admirables son tus obras!”. (Salmo 66, 1-2a.3a)

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. (Salmo 34, 2.6-7)

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. (Salmo 34, 2.6-7)

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! (Salmo 138, 6.8bc)

El Señor está en las alturas, pero se fija en el humilde y reconoce al orgulloso desde lejos. Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! (Salmo 138, 6.8bc)

Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, en el Señor y alaben su santo Nombre. (Salmo 97, 11-12)

Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, en el Señor y alaben su santo Nombre. (Salmo 97, 11-12)

¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel! Nos ha dado un poderoso Salvador. Nos ha concedido que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada, durante toda nuestra vida. (Cfr. Lc 1, 68-75)

¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel! Nos ha dado un poderoso Salvador. Nos ha concedido que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada, durante toda nuestra vida. (Cfr. Lc 1, 68-75)

¿Quién habitará en tu casa, Señor? El que procede rectamente y practica la justicia. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado. (Salmo 15, 2a.3b.4b)

¿Quién habitará en tu casa, Señor? El que procede rectamente y practica la justicia. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado. (Salmo 15, 2a.3b.4b)

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor, anúncienla en las costas más lejanas! Yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción. (Jer 31, 10a.13b)

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor, anúncienla en las costas más lejanas! Yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción. (Jer 31, 10a.13b)

¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! (Salmo 128, 5)

¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! (Salmo 128, 5)

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